¿Por qué rechazamos la tristeza?
La tristeza es como el mar, a veces sube con mucha fuerza y otras veces se mueve con cuidado. Hay días que las corrientes nos arrastran y otros que simplemente estamos en calma. En ocasiones podemos observar de manera nítida a través del agua y en otros momentos se forman turbios remolinos que no dejan ver nada.
La tristeza es una emoción que nos acompaña, nos arrolla o incluso a veces nos paraliza. La tristeza es una emoción que aparece para que paremos. Para que paremos y conectemos. La tristeza pretende acompañarnos a entender aquello que hemos vivido para poder procesarlo e integrarlo. La tristeza nos permite acercarnos a las personas para buscar su apoyo.
Si la tristeza nos ofrece todo esto, ¿por qué la evitamos y la rechazamos?
Porque la tristeza también implica dolor. Porque detrás de una pérdida de cualquier tipo hay un duelo. Porque pararse a mirar hace daño. Porque muchas veces mirar hacia otro lado y evitar la tristeza parece la opción más fácil.
Además, no nos han enseñado a tolerarla. Muchas veces, tras una lágrima compartida aparece un: venga no llores. Porque al llorar se han burlado de ti o te han ridiculizado. Porque también te han invalidado con un venga que no es para tanto. Eres muy sensible o no dramatices. Así que conectar con esta emoción nos hace sentir débiles.
¡Qué paradójico! A mí me parece de lo más valiente mirar hacia dentro y conectar con todo lo que nos acompaña.
La vulnerabilidad que muchas veces rechazamos es la que nos ha permitido seguir adelante. Esta vulnerabilidad ha sostenido todas nuestras emociones en los peores momentos para que pudiéramos mirar hacia otro lado y seguir caminando.
No hay una forma correcta de sentir o vivir la tristeza, pero si te da miedo que te arrolle, recuerda que también puedes aprender a ir mirándola poco a poco y con compasión. Puedes compartirla con las personas que te quieren o incluso escribirla.
Lo importante es que no la tapes ni la escondas, recuerda que, si bajas una pelota en el agua, corres el riesgo de que suba con mucha más fuerza y te haga daño.
Un abrazo, Nerea